Viaje de agosto de 2024:
Kenia no es solo Safari, es mucho más.
El viaje comienza en Nairobi, en el aeropuerto, es un viaje organizado, no hemos tenido que buscar hoteles, traslados ni cosas que hacer, sólo los vuelos y para una fecha exacta.
Casi no hemos mirado nada del viaje, y no conocemos a nuestros compañeros, sólo a nosotras tres, a veces el viaje me emociona y otras veces me da una pereza enorme...
Nuestro chofer, Steve nos espera para llevarnos al primer destino, Swara Park, pero Steve no es un chofer, es el jefe de mantenimiento de Imani, y una de las personas más divertidas y alegres que conozco (aunque a veces no lo entiendo, mi ingles no es muy bueno y yo creo que el lo mezcla con Swahili).
El vuelo ha sido bueno, pero largo y la cola para el control de pasaporte aún más. No vamos solas, en Málaga ya hemos conocido a Naira, que llega desde Bilbao. Somos las últimas en llegar.
Ya estamos los 14 del grupo,13 más la coordinadora, Ana, madrileña pero de espíritu Keniano.
Swara park es un resort, en plena sabana pero a poca distancia de la Ciudad, en un complejo con cabañas muy chulo. Al poco de llegar y soltar las maletas nos tomamos la primera cerveza, una Balozi y empezamos a conocer al grupo, los de la EGB y los de la ESO, eso nos va a colocar en el rango de edad 😂.
Comemos y después de un descanso, ruta andando por el parque, como no hay depredadores no hace falta ir en coche, las jirafas, los monos y las cebras a lo lejos nos acompañan. El atardecer es precioso.
Nos espera la cena a la vuelta y descansar en una cabaña muy africana. Dormimos con el sonido de los monos y los Hitarch por el techo de la habitación.
Por la mañana los monos nos acompañan al desayuno, y bien temprano hacemos una ruta en bicicleta, gracias a Dios a Ana se le pincha la rueda y podemos parar un poco, que el camino no es asfalto y la edad ya se nota... Hoy hemos vuelto a ver animales muy cerca, las jirafas son espectaculares, tan elegantes.... una pena que mi móvil no las capte bien.
Después de comer vuelve Steve, nos va a llevar a Imani Resort donde pasaremos las próximas 4 noches. Ha hecho un Tetris para que entremos todos y las mil maletas en el coche, algunas van sobre la furgo, pero aquí nadie se estresa.
Imani resort está en NGONG, otro condado junto a Nairobi, es un complejo con habitaciones y zonas comunes con jardines y piscina, muy bonito. Está gestionado por Mamá Faith, que es la fundadora de todos los centros IMANI. Lo que sacan del resort sirve para mantener los proyectos a la vez que da trabajo a los chicos, algunos mientras se sacan estudios universitarios ayudan como cocineros, camareros...
Ir por las carreteras de Nairobi es un espectáculo, creía que en Marruecos o Perú lo había visto todo, pero no. Aquí la gente camina mucho, por las carreteras van por el arcén, no se si por el precio de la gasolina, que es caro como en España, o porque montarse en un autobús de esos es para valientes. No hay señales de tráfico, ni de velocidad, ni de direcciones, se incorporan a carreteras de varios carriles del tirón, sin carril de aceleración. Las motos son casi todo taxis, y van hasta 5 en algunas, sin casco por supuesto, pero si llueve con paraguas, eso sí. Los animales van por libres, vacas, cabras, perros...
Nos reciben muy bien, con un te africano con mandazi, el dulce típico de Kenia que no nos cansamos de comer. Es una mezcla entre rosquillas y donuts, pero en forma de triángulo.


Estamos sólo nosotros en el resort, así que es muy tranquilo. Nuestra habitación es una pequeña cabaña al fondo de la finca, tenemos de vecinos a Fernando y Susana con sus hijos y a ranas, lagartijas y mil tipos de pájaros. Aquí estamos 4 noches, aunque las camas no son cómodas (duras como una tabla), de la ducha nos ha costado que salga el agua caliente y se oye todo de las habitaciones, el sitio me gusta mucho. La comida está muy buena, y hecha gran parte por mama Faith, como sus patatas Yummi Yummi que nos hace todos los días para el desayuno.

Las cremas de todas las noches también son muy buenas, y como hace fresco se agradecen.
Hemos repartido ya las cosas que hemos traído entre todos para donar a los centros, parte para Imani y parte para Cara. Son bastantes cosas, sobre todo ropa y los filtros de agua potable que se quedan en Imani.
Al dia siguiente visitamos IMANI A e IMAI B, como siempre nos reciben con un te acompañado de los Mandazi, nos enseñan el centro, aquí están los mayores, como son vacaciones, los niños están pululando por allí, a ellos les debemos parecer raros, blancos mirando lo que hacen.
El centro de Imani B está en un barrio en mitad de un mercadillo, llegar allí con la furgo puede ser misión imposible, como siempre voy delante, (que me mareo), veo desde primera fila cómo es el caos del tráfico, pero nunca pasa nada, la gente no se estresa y nadie pita y terminas pasando.
En Imani B viven los más pequeños, que tienen muy protegidos, no salen de una sala hasta los 3 o 4 meses que tengan las vacunas, luego están en un módulo separado del resto de los mayores. Las salas están superlimpias y ordenadas.
Los niños colaboran en las tareas de cocina y en la ropa, toneladas de ropa que lavar, secar y organizar..., tienen dos secadoras, pero no pueden dar a basto.
Allí conocemos a Maria, que al igual que Steve y Tik, son niños Imani, recogidos por Mama Faih de pequeños, han estudiado una carrera y ahora colaboran con ella en los proyectos. Maria dirige estos centros.
Gracias a ellos, estos niños tienen una oportunidad, no solo viven allí, se les cuida, quiere y le dan la educación para que salgan de la pobreza. Los niños cuidan unos de otros, allí todo se comparte, nada es de nadie.
En Imani B comemos y por la tarde visitamos Karura Forest, una bosque en pleno Nairobi, de tierra roja y muy frondoso, una maravilla.
Esa noche en la cena Rafa, uno del grupo celebraba su 50 cumpleaños y nos invita a tarta. Los chicos de Imani quisieron felicitarle y cantaron y bailaron para todos. La tarta muy buena, allí los dulces no son muy azucarados y los que probamos estaban bastante bien. Luego Mama Faith casi le hace una terapia matrimonial 😀a Rafa y su mujer Eva, mal rato para ellos pero nos reimos mucho.
El día siguiente, ya que no se que día de la semana es, vamos a otro proyecto en NGONG, Cara, este fundado por Edwina junto con unos irlandeses, aunque lo gestiona ella en Kenia.
En el proyecto acoge a niñas víctimas de violaciones, ablaciones y matrimonio infantil. Hay niñas y niños también, entre 2 y 15 años. Vistamos el centro con su huerto, animales y taller de costura, compramos artesanía, pulseras, telas y demás a las chicas del proyecto o de la zona. La comida ese día es la que ellos comen, lentejas con arroz, aunque no comemos con los niños. Por la tarde hacemos el taller de comida, nos ensañan a preparar los chapatis, (pan plano que se hacen en la sartén), los mandazi y el te africano. Hicimos un montón y nos comimos otro montón.
También bailamos y nos enseñan su baile, que es imposible de imitar, mueven el cuello de una manera que no tuvimos forma de imitar. Estuvimos casi todo el día y a la vuelta la cena en Imani.
El domingo toca turismo, visitamos el centro de Nairobi y subimos a un edificio de congresos, desde el que se ve toda la ciudad, luego paseamos por las calles de la zona financiera. La comida la hacemos en un restaurante de carne a la brasa, donde van los kenianos a pasar el día,(los que tienen más poder adquisitivo) .
También bailamos y nos enseñan su baile, que es imposible de imitar, mueven el cuello de una manera que no tuvimos forma de imitar. Estuvimos casi todo el día y a la vuelta la cena en Imani.
El domingo toca turismo, visitamos el centro de Nairobi y subimos a un edificio de congresos, desde el que se ve toda la ciudad, luego paseamos por las calles de la zona financiera. La comida la hacemos en un restaurante de carne a la brasa, donde van los kenianos a pasar el día,(los que tienen más poder adquisitivo) .
Comimos bastante bien y conocimos a otra chica Imani. que nos haría de guía en la casa de Karen Blixter, la escritora de Memorias de África. Esta chica también se crio en Imani y acaba de terminar la carrera de Turismo.
La casa es preciosa y el entorno casi más, está en una de las zonas más ricas de la ciudad, donde las casas tienen altos muros que impiden ver el interior, pero con jardines frondosos y muchas comodidades, nada que ver con lo que se ve en el resto de la ciudad.
Esa noche tenemos cena de despedida, nos han cambiado la mesa a una especie de salón, hay música en directo (un par de chicas que cantaron) y bailes de las chicas de Inami, luego seguimos con música bailando o haciendo el ganso. Como empezamos a cenar muy temprano la fiesta no dura demasiado, a las 10 y pico o las 11 nos retiramos, o eso creo recordar.
La mañana siguiente salimos algo más tarde, nos despedimos de Mama faith y Steve, una pena, porque era divertidísimo, siempre riendo, cantando y hablando con el todo el que pasaba.
Esa mañana, cogemos un tren que va a Mombasa, para llegar nuestro destino, el safari.
El control para acceder al tren es excesivo, por lo visto la empresa es China. al parecer los chinos están comprando media Africa, son los que tienen todas la empresas tecnológicas del país.
El tren va hasta arriba, es barato, no se si cuesta unos 1000 chelines, que son menos de 8 euros y dura 4 horas a Voi, que es donde vamos.
El tren es muy animado, la gente se levanta, se ríe y arma jaleo, además llega un momento que vas viendo ya el parque natural y elefantes... Nosotras intentamos jugar al Uno, tardamos más en ponernos de acuerdo que en el juego 😀
En Voi nos recogen en jeeps para llegar al resort. Un hotel con muchas habitaciones con vistas al parque
Es más turístico, lleno de italianos, americanos y europeos. La cena es un restaurante con buffet libre. Todos estos días hemos comido comida local, arroz, espinacas, cremas, pollo, chapati y lentejas de soja. En el hotel la comida es parecida, pero hay macarrones, puré de patatas, huevos y bastante verdura y fruta fresca, que por ahora nosotras intentamos evitar. Sobre todo el día del safari que son 4 horas sin poder bajar del coche.
El safari empieza como a las 6 y media de la mañana, hay que madrugar porque los animales se mueven más al amanecer y al atardecer. Vamos en dos jeeps, tenemos suerte pues nada más empezar avisan que hay un león y allá que vamos. El león desfila entre los coches como si fuese la pasarela Cibeles, ni se inmuta.



Seguimos viendo jirafas, cebras, antílopes, elefantes, ..una maravilla!!!. y en una de esas paradas el coche no arranca.
Aprovechamos el "in pass", para hacer un pis, todos en fila detrás del coche, vaya a ser que el león de la pasarela no haya desayunado. Tras tirar del coche un poco, el nuestro vuelve a arrancar, pero la alegría sólo dura unos metros y vuelve a pararse. Así que tirados por el otro jeep seguimos hasta la zona donde nos podemos bajar a ver cocodrilos y rinocerontes, están a lo lejos, menos mal....
Como no hay cobertura no tenemos más remedio que ser remolcados por el otro jeep, cada x metros la cadena se parte, el pobre conductor se baja y arregla de nuevo. Debe estar pasándolo mal, nosotras nos reímos, más que nada porque por segundos vamos siendo naranjas, no hay parte de nuestro cuerpo que no esté llena de ese polvo rojizo. Casi tres horas después aparece el mecánico y nos cambian a una furgo que vivió tiempos mejores. Ya solo quedamos 4 en la furgo, el resto lo apretaron en el otro coche.
Llegamos justas para comer, lavarnos un poco y salir con el mismo jeep de nuevo al safari, el pobre conductor había limpiado el coche, pero nosotras seguíamos con la ropa naranja.... Nos da tiempo incluso a un baño en la piscina, con vistas a los elefantes. El sitio es una pasada. Nueva ruta para ver el atardecer.
Ese día la ducha es bien venida, como hay un horario para el agua caliente nos damos prisa, que no hace frio pero tampoco calor.
Nuevo día con nuevo safari, como el día anterior tenemos suerte y vemos una pareja de leones, y luego un grupo de leonas, que pasan también por el lado, nos ignoran...
Hoy no hay accidente, así que volvemos pronto, comemos y nos vamos por el camino rojo hasta la costa.
El jeep ahora corre bastante, y el cinturón no funciona, pienso que mejor no pensar.
En cuando salimos a la carretera el camino cambia, apenas se ve a nadie y conforme avanzamos la zona es más rural, gente por los caminos, animales sueltos y cabañas de adobe.
Cuando llegamos a Watamu es casi de noche, allí sobre las 6 y pico se pone el sol.
El hotel es una casa, dividida en módulos con habitaciones dobles, esta vez vamos arriba y nos toca una doble a y a Paula sola, tiene buenas vistas y tenemos una piscina, es casi un lujo.


Allí nos movemos en Tuck tuck, para ir por la zona, vamos a cenar pescado, y mientras nos sirven vemos los puestos de artesanos de la calle.
La temperatura en esa zona es muy buena, hace calor pero no es asfixiante y de noche se está muy bien, tanto que cada noche todo el grupo nos quedamos un rato en la zona de la piscina, con cerveza cuando se puede. Somos un grupo poco homogéneo, la mayoría mujeres, que no se porqué viajan más solas que los hombres. Fer, Susana y yo somos los mayores, Rafa cumplió 50 y de ahí se escala hasta Paz que no tenía ni 16 años. Fer y Susana son pareja y padres de Paz y David, nuestro mejor guía aa nivel de animales, y fotógrafo casi profesional. Laura la catalana y Laura de Valladolid, creo. Nuria de Zaragoza, y Naira de Bilbao, Rafa y Eva madrileños.
El primer día en Watamu vamos a hacer snorkel. La temperatura del agua es una maravilla. Vamos todos en un barco y allí nos dan unas gafas y un tubo ( no se puede ser escrupuloso). Hay muchos peces pero yo no tengo suerte de ver mucho, que no consigo que las gafas no se muevan, pero se está tan bien en el agua que merece la pena.
Después nos vamos a la casa y comemos allí, tenemos una cocinera local que nos hace ese día la comida y el desayuno de todos los demás. Es comida casera y está buena.
Esa tarde visitamos Hell Kitchen, en Marafa, no está cerca, pero allí nada está cerca, ya que las carreteras no son gran cosa. Es un cañón de arenisca que va cambiando por días, color naranja y blanco, es bastante curioso, y el atardecer, a pesar de estar nublado, es muy bonito, además a esa hora salen los monos.
De vuelta a Watamu cenamos en otro restaurante local, de nuevo pescado que es lo típico allí.
Ya sólo quedan dos días, aquí el tiempo pasa rápido, no hay mucho descanso entre actividades, sólo los trayectos que a veces pueden ser largos y da tiempo a alguna cabezada. Dos mañanas hemos aprovechado para que Eva nos guie en un saludo al sol, 15 minutos de Yoga que no venían mal.
El viernes vamos a visitar un centro de rescates de tortugas, ese día no hay ninguna, pero nos explican los tipos de tortugas y la actividad a la que se dedican. Casi todo el centro está hecho con materiales reutilizados de plásticos encontrados en las playas.
De ahí nos vamos a Mida Creek, un manglar patrimonio de la Unesco. El guía es un especialista , vive en la misma isla y hace la explicación muy entretenida. Nos montamos en canoas llevadas por ellos para cruzar a la isla, nos bajan cocos de las palmeras y nos dan a probar un licor de palma, mi estómago está sufriendo muchos días de viaje y ninguna de esas cosas pruebo, allí los baños son inexistentes, y no quiero jugar a la ruleta rusa, pero me quedo con las ganas.
De vuelta, paramos y nos damos un baño, la marea ya ha subido y comemos en una especie de embarcadero, la comida nos la han preparado un grupo de mujeres, como siempre, es pescado y pollo,
Esa noche cenamos en un sitio "pijo", lleno de turistas italianos.
La casa es preciosa y el entorno casi más, está en una de las zonas más ricas de la ciudad, donde las casas tienen altos muros que impiden ver el interior, pero con jardines frondosos y muchas comodidades, nada que ver con lo que se ve en el resto de la ciudad.
Esa noche tenemos cena de despedida, nos han cambiado la mesa a una especie de salón, hay música en directo (un par de chicas que cantaron) y bailes de las chicas de Inami, luego seguimos con música bailando o haciendo el ganso. Como empezamos a cenar muy temprano la fiesta no dura demasiado, a las 10 y pico o las 11 nos retiramos, o eso creo recordar.
La mañana siguiente salimos algo más tarde, nos despedimos de Mama faith y Steve, una pena, porque era divertidísimo, siempre riendo, cantando y hablando con el todo el que pasaba.
Esa mañana, cogemos un tren que va a Mombasa, para llegar nuestro destino, el safari.
El control para acceder al tren es excesivo, por lo visto la empresa es China. al parecer los chinos están comprando media Africa, son los que tienen todas la empresas tecnológicas del país.
El tren va hasta arriba, es barato, no se si cuesta unos 1000 chelines, que son menos de 8 euros y dura 4 horas a Voi, que es donde vamos.
El tren es muy animado, la gente se levanta, se ríe y arma jaleo, además llega un momento que vas viendo ya el parque natural y elefantes... Nosotras intentamos jugar al Uno, tardamos más en ponernos de acuerdo que en el juego 😀
En Voi nos recogen en jeeps para llegar al resort. Un hotel con muchas habitaciones con vistas al parque
Es más turístico, lleno de italianos, americanos y europeos. La cena es un restaurante con buffet libre. Todos estos días hemos comido comida local, arroz, espinacas, cremas, pollo, chapati y lentejas de soja. En el hotel la comida es parecida, pero hay macarrones, puré de patatas, huevos y bastante verdura y fruta fresca, que por ahora nosotras intentamos evitar. Sobre todo el día del safari que son 4 horas sin poder bajar del coche.
El safari empieza como a las 6 y media de la mañana, hay que madrugar porque los animales se mueven más al amanecer y al atardecer. Vamos en dos jeeps, tenemos suerte pues nada más empezar avisan que hay un león y allá que vamos. El león desfila entre los coches como si fuese la pasarela Cibeles, ni se inmuta.



Seguimos viendo jirafas, cebras, antílopes, elefantes, ..una maravilla!!!. y en una de esas paradas el coche no arranca.
Aprovechamos el "in pass", para hacer un pis, todos en fila detrás del coche, vaya a ser que el león de la pasarela no haya desayunado. Tras tirar del coche un poco, el nuestro vuelve a arrancar, pero la alegría sólo dura unos metros y vuelve a pararse. Así que tirados por el otro jeep seguimos hasta la zona donde nos podemos bajar a ver cocodrilos y rinocerontes, están a lo lejos, menos mal....
Como no hay cobertura no tenemos más remedio que ser remolcados por el otro jeep, cada x metros la cadena se parte, el pobre conductor se baja y arregla de nuevo. Debe estar pasándolo mal, nosotras nos reímos, más que nada porque por segundos vamos siendo naranjas, no hay parte de nuestro cuerpo que no esté llena de ese polvo rojizo. Casi tres horas después aparece el mecánico y nos cambian a una furgo que vivió tiempos mejores. Ya solo quedamos 4 en la furgo, el resto lo apretaron en el otro coche.
Llegamos justas para comer, lavarnos un poco y salir con el mismo jeep de nuevo al safari, el pobre conductor había limpiado el coche, pero nosotras seguíamos con la ropa naranja.... Nos da tiempo incluso a un baño en la piscina, con vistas a los elefantes. El sitio es una pasada. Nueva ruta para ver el atardecer.
Ese día la ducha es bien venida, como hay un horario para el agua caliente nos damos prisa, que no hace frio pero tampoco calor.
Nuevo día con nuevo safari, como el día anterior tenemos suerte y vemos una pareja de leones, y luego un grupo de leonas, que pasan también por el lado, nos ignoran...
Hoy no hay accidente, así que volvemos pronto, comemos y nos vamos por el camino rojo hasta la costa.
El jeep ahora corre bastante, y el cinturón no funciona, pienso que mejor no pensar.
En cuando salimos a la carretera el camino cambia, apenas se ve a nadie y conforme avanzamos la zona es más rural, gente por los caminos, animales sueltos y cabañas de adobe.
Cuando llegamos a Watamu es casi de noche, allí sobre las 6 y pico se pone el sol.
El hotel es una casa, dividida en módulos con habitaciones dobles, esta vez vamos arriba y nos toca una doble a y a Paula sola, tiene buenas vistas y tenemos una piscina, es casi un lujo.


Allí nos movemos en Tuck tuck, para ir por la zona, vamos a cenar pescado, y mientras nos sirven vemos los puestos de artesanos de la calle.
La temperatura en esa zona es muy buena, hace calor pero no es asfixiante y de noche se está muy bien, tanto que cada noche todo el grupo nos quedamos un rato en la zona de la piscina, con cerveza cuando se puede. Somos un grupo poco homogéneo, la mayoría mujeres, que no se porqué viajan más solas que los hombres. Fer, Susana y yo somos los mayores, Rafa cumplió 50 y de ahí se escala hasta Paz que no tenía ni 16 años. Fer y Susana son pareja y padres de Paz y David, nuestro mejor guía aa nivel de animales, y fotógrafo casi profesional. Laura la catalana y Laura de Valladolid, creo. Nuria de Zaragoza, y Naira de Bilbao, Rafa y Eva madrileños.
El primer día en Watamu vamos a hacer snorkel. La temperatura del agua es una maravilla. Vamos todos en un barco y allí nos dan unas gafas y un tubo ( no se puede ser escrupuloso). Hay muchos peces pero yo no tengo suerte de ver mucho, que no consigo que las gafas no se muevan, pero se está tan bien en el agua que merece la pena.
Después nos vamos a la casa y comemos allí, tenemos una cocinera local que nos hace ese día la comida y el desayuno de todos los demás. Es comida casera y está buena.
Esa tarde visitamos Hell Kitchen, en Marafa, no está cerca, pero allí nada está cerca, ya que las carreteras no son gran cosa. Es un cañón de arenisca que va cambiando por días, color naranja y blanco, es bastante curioso, y el atardecer, a pesar de estar nublado, es muy bonito, además a esa hora salen los monos.
De vuelta a Watamu cenamos en otro restaurante local, de nuevo pescado que es lo típico allí.
Ya sólo quedan dos días, aquí el tiempo pasa rápido, no hay mucho descanso entre actividades, sólo los trayectos que a veces pueden ser largos y da tiempo a alguna cabezada. Dos mañanas hemos aprovechado para que Eva nos guie en un saludo al sol, 15 minutos de Yoga que no venían mal.
El viernes vamos a visitar un centro de rescates de tortugas, ese día no hay ninguna, pero nos explican los tipos de tortugas y la actividad a la que se dedican. Casi todo el centro está hecho con materiales reutilizados de plásticos encontrados en las playas.
De ahí nos vamos a Mida Creek, un manglar patrimonio de la Unesco. El guía es un especialista , vive en la misma isla y hace la explicación muy entretenida. Nos montamos en canoas llevadas por ellos para cruzar a la isla, nos bajan cocos de las palmeras y nos dan a probar un licor de palma, mi estómago está sufriendo muchos días de viaje y ninguna de esas cosas pruebo, allí los baños son inexistentes, y no quiero jugar a la ruleta rusa, pero me quedo con las ganas.
De vuelta, paramos y nos damos un baño, la marea ya ha subido y comemos en una especie de embarcadero, la comida nos la han preparado un grupo de mujeres, como siempre, es pescado y pollo,
Esa noche cenamos en un sitio "pijo", lleno de turistas italianos.
Al dia siguiente visatamos GEDE unas ruinas de un pueblo swahili del siglo 12 y después vamos a Imani Malindi a conocer el centro, donde nos invitan a c comer y hacemos juegos con los niños.
Esa noche es nuestra ultima cena en Malindi y vamos a un sitio muy curioso, donde se comen cangrejos y es más para gente local, como siempre el atardecer allí merece también la pena.
La úlima mañana aprovechamos para un p aseo por la playa, compras en el puestos locales y vuelo de vuelta a Nairobi y de allí a casa.
La úlima mañana aprovechamos para un p aseo por la playa, compras en el puestos locales y vuelo de vuelta a Nairobi y de allí a casa.













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