Viaje solidario a Perú

martes, septiembre 05, 2023

Todo viaje tiene tres partes: organizarlo, vivirlo y recordarlo.

Organizar este viaje fue toda una odisea, desde pensar el proyecto al que ir hasta elegir fechas a  combinar vuelos, rutas turísticas, vacunas, planificación de los talleres para hacer con los niños, cambio de moneda, galletas, miles de galletas que horneamos y cambiamos por dinero para llevar al proyecto.

Nuestra combinación de vuelos, era lo más barato que encontramos, pero algo arriesgada, porque intentamos también acortar tiempos. 

Málaga- Madrid- Lima- Cuzco, algo tenía que fallar, y falló... pero todo estaba controlado, porque vimos que había bastantes vuelos a Cuzco y sólo nos costó unos 50 dólares más y dos horas más de espera.

El frio y el hambre que pasamos en el vuelo a Lima no se nos va a olvidar. No esperaba que no dieran tan poco de comer ni que fuera tan complicado bajar el aire acondicionado, iríamos preparadas para la vuelta.

Al llegar a Cuzco, quien nos tenía que recoger se despistó pensando que íbamos salir del aeropuerto, y sin móvil ni a quien llamar estuvimos un buen rato esperando, tanto que el aeropuerto cerraba ya. Gracias a la ayuda de un taxista pudimos localizar al chaval que nos llevó en taxi a la casa.

Era de noche, no recuerdo si más de las 10 hora local, más de las 5 de la mañana para nosotras, así que cuando llegamos sólo quisimos meternos en la cama. Cat, la novia de Coco nos enseñó nuestro cajón para la comida, el baño y la habitación y sin más, sin apenas abrir las maletas caímos en la cama.

Por la mañana, empezamos a vaciar maletas y a esperar que alguien nos recibiera, sin saber dónde estábamos casi, sin tener nada que comer ni siquiera un café, esperamos a Coco (dueño de la casa y el que lleva el proyecto). Cuando por fin salió, estaba en la habitación de al lado, nos hizo nuestra primera infusión de coca para el mal de altura. Le acribillamos a preguntas y al rato salimos al centro de Cuzco para desayunar, comprar tarjetas de teléfono y ver cómo funcionan los buses. Sí, no es tan fácil como pensamos, en Google ni salen las rutas de los buses.

Lo del desayuno aprendimos luego que lo del café y tostadas es algo más de los europeos. Ellos desayunan como si fuera un almuerzo, arroz, quinoa( kinua ) o lo que pillan .

Por eso nuestro primer desayuno fue raro, aunque su nombre era Continental, nada que ver, el café era un chupito negro como el tizón, la leche la pedimos aparte y aún así nos dieron una taza para las dos. Las tostadas eran tiras de pan, del pan que toman allí, aunque sea de trigo, es como pan de molde, pero más quebradizo, y normalmente en bollitos, nada que ver con la variedad de pan que tenemos aquí.

Ellos apenas comen pan, no lo ponen con las comidas, como  tampoco el postre que sólo se sirve en restaurantes turísticos.

La experiencia en el bus merece mención aparte, 😉.

  Son autobuses muy antiguos, el que cobra va en una de las puertas, normalmente abierta y va gritando el nombre de la paradas,(paraderos) y avisando a la gente de la calle. Se paga al bajar, y en vez de tocar el timbre dices Baja, Baja atrás  si el o ella están delante (a veces la gente lo dice muy bajo, pero aún así lo oyen). Es solo un sol, que son como 25 céntimos, te bajes donde te bajes. Casi tienes que saltar del bus porque están siempre con prisas, BAJA BAJA, SUBE SUBE.. (o de repetir lo hacen mucho..  )
No tienen número, son nombres, muchos de superhéroes como El Batman. 


 


Ese día ya no comimos, nos fuimos a casa y de allí al proyecto, de nuevo un bus con baja, baja....
Los niños te acogen como si te conocieran de toda la vida, son super educados con eso de saludar a los profes, con besos y abrazos. Luego son una locura como cualquier grupo de niños.
Ese día Coco dio su clase de inglés y nosotras nos dedicamos a los más pequeños, con los deberes de quien llevaba o con coloreos.

El local es una  sala, dividida en dos grupos de mesas, un grupo para los más mayores, a partir de 8 años y otro para los pequeños, con una estantería con material para cada grupo, además de eso cuenta con pizarras para cada uno. Es una zona rural con niños de pocos recursos, van al colegio, pero con el COVID  estuvieron mucho tiempo sin asistir a clases y muchos van retrasados. Cada día entran niños nuevos. Son bastante independientes, suelen venir solos o con algún hermano. Viven solo con lo básico, y a veces ni eso.

 El local está dentro de una vivienda, aunque con acceso a la calle, pero el baño es el de la casa. Gracias a Dios no me hizo falta usarlo, porque llamarlo baño era decir mucho, por eso ya empezamos a rumiar cómo arreglarlo.

Cuando empezamos a buscar actividades para hacer con los niños, no sabíamos ni el número ni la edad ni los recursos con los que contaban, por eso no concretamos nada.
A lo largo de los días, fuimos adaptándonos a ellos, a  lo que les gustaba sobre todo y las pulseras es lo que más éxito tuvo, tanto para los pequeños como para las más mayores.

Volviendo al primer día, llegamos reventadas y esa noche salimos a cenar con Arthur, un chico francés de 21 años que vivía en la casa y también iba al proyecto. Pura energía.

 El segundo día decidimos dar un paseo hasta un mercadillo que vimos viniendo del proyecto. Era un mercadillo de verduras sobre todo, con miles de patatas de todo tipo y maíz de lo más variado. Hicimos la compra para cenar en casa y nos llevamos un maíz morado, con eso se hace la chicha morada, pero entonces no lo sabíamos.

También compramos algunas cosas para los niños, como, tijeras, puzles de madera...


 


Ese día probamos la comida de un local cerca de casa, un menú por 10 soles, menos de 3 euros, que no pudimos terminar de la cantidad de comida que era. Nos llevamos un tupper a casa.

Al proyecto llegábamos sobre las 2 y media o las 3 si se nos hacía tarde, había que coger un bus y luego atravesar un barrio con una cuesta que parecía una pared. En Cuzco te levantas con 9 grados, pero a lo largo del día la temperatura cambia hasta los 20 y pico, con un sol intenso y sin nubes, hace calor, aunque ellos van de invierno, eso sí todos con gorritos. Subir a medio día esa calle, equivale al ejercicio diario y para mi, casi el semanal 😅

La calle del proyecto también está en pendiente y jugar a la pelota allí es estar bajando y subiendo cuestas todo el rato. Menos mal que para eso solía estar Arthur y unos chicos americanos.

Cada día, intentamos hacer algún taller, sobre todo con los pequeños, ya que los mayores suelen tener más deberes o dan inglés.

El martes al llegar del proyecto fuimos a un supermercado, ya que el día antes habíamos comprado en una tiendecita  cerca de la casa que apenas tenía de nada. Precios nada baratos para el nivel de  vida de allí.

Casi todas las noches cenábamos en casa, porque Cuzco está bastante lejos, a una hora más o menos y cerca no había demasiada variedad.

Esa semana bajamos de nuevo a Cuzco, para pagar el viaje a Machupuchu, a Rocío, (una chica de una agencia que nos recomendó Tumaini, un encanto y super atenta) y para comprar el boleto turístico (para poder entrar en las zonas arqueológicas de Valle Sagrado y algunos museos). Muchas mañanas aprovechábamos para ver la cuidad, algún museo y comer o tomar café en un local para guiris (que es lo que éramos).

El jueves incluso salimos a cenar a un restaurante bastante mono y que se comía muy bien. El Kusycay Allí probamos nuestro primer ceviche de Perú, luego nos dieron un mini postre y un mate ( infusión) tanto para tomar allí como para llevar.

En las calles de Cuzco hay miles de pequeñas tiendas, normalmente están por tipos, es decir si hay una tienda de telefonía hay mil más al lado, pero en toda la Avenida había local tras local. 

Básicamente la ciudad son dos avenidas que dan al centro. La que iba a nuestra casa es la Avenida de la Cultura, desde una punta a la otra está llena de locales, desde ferreterías, carpinterías, talleres de coche a restaurantes, tiendas de telefonía, panaderías... Allí no hay préstamos hipotecarios, por tanto las casas se van haciendo poco a poco, según vayan ahorrando dinero , y todo está sin acabar, no se pintan, ni a veces se enfoscan, sobre todo en las medianerías, las paredes entre casas, y no suenen tener cubiertas, lo mismo que las calles, donde hay mucho polvo.



Los perros, igual que en Ecuador y Cabo verde, van libres por las calles, aunque tengan dueño, unos limpios y otros menos, pero en general ni se acercan ni apenas ladran, la libertad les sienta bien. En casa tenímos uno, un escapista, espera que abriéramos para darse su paseo por la ciudad.

 El de bus siempre está con la retahíla de " TODA LA CULTURA, TODA LA CULTURA", como he dicho todo lo repiten y lo que quiere decir es que va por toda la avenida. El autobús era de lo más entretenido, casi siempre se subía alguien a contar su historia, muy de carrerilla y tipo prosa, algunos incluso cantaban, después de eso vendía chocolatinas a 1 sol. También se subían señoras cargadas de bultos de los puestos ambulantes, que allí hay muchos. Lo llevan en una manta en la espalda, a veces no eran cosas, sino niños lo que llevaban dentro.

La mayoría de la gente, sobre todo mujeres visten con ropas muy tradicionales, faldas, gorros y ponchos. La gente joven sólo pantalón negro y vaquero, o esa impresión me dio.


 El centro de Cuzco es muy turístico, pero tiene su encanto, es de calles tipo colonial, y soportales, del estilo que dejaron los españoles cuando le "invadimos". Cada dos metros te ofrecen un tour, un masaje o una foto con una alpaca. Si te acercas a un puesto o tienda de souvenirs no te dejan en paz... así que llegó un momento que ni mirábamos. 







En una ciudad donde todos son morenos con pelo lacio es difícil pasar desapercibido con el pelo amarillo 😁.

El jueves en el proyecto llevamos a los niños a la pista de futbol, estaba cerrada, pero jugamos en una zona al lado. Jugamos al pañolito, al principio no se animaron pero luego les gustó, no lo conocían. También pintamos caras y nos pintaron, no quiero recordar cómo acabamos.

Para merendar llevamos yogur bebido, zumos y bizcocho casero (comprado claro), los niños lo agradecen todo y no protestan por nada que les des.

 

 

El viernes acompañamos a Coco a otro proyecto, a la zona donde antes tenía el local . Son unas casas, más bien chabolas junto a la planta de tratamiento de residuos.  Allí viven varias familias, sin agua (solo un grifo con una manguerita) ni saneamiento, con una letrina que parece que vuela sobre un terraplén que da al rio (la casucha de chapa que se ven en la foto de abajo). Comparten la zona con cerdos, gallinas, perros y otros animales(como el Cuy) .Una de las familias tiene acogidas tres niñas que se han quedado huérfanas y para darles espacio Coco junto con una amiga han levantado una habitación para ellas, y una más anexa que usará como local para el proyecto con los niños de esa zona. 

Todavía estaba en obras y apenas había espacio, pero hicimos pulseras con gomitas de plástico. Nos recibieron como si lleváramos toda la vida allí, algunos habían estado el día antes en la merienda.

 


 Ese fin de semana nos fuimos a Valle Sagrado y Machupichu. El tour salía temprano y hacía varias paradas, la primera en una tienda de artículos de plata, nos dieron una pequeña charla y luego nos intentaron vender algo. Después fuimos a las ruinas de Pisco, donde estuvimos casi dos horas, de camino a Ollantaytambo, paramos a comer en un buffet, no estaba mal, pero eran como las 12 de la mañana, algo temprano para comer.

En Ollantaytambo vimos otras ruinas, INCAS, como no, y ya ahí nos dirigimos al tren que lleva a Machupichu. Es un trayecto de hora y media y turístico, tanto que en cada vagón hacen una representación teatral de un guerrero y una princesa Inca. A mí me pareció mala e infantil, pero nos reímos un rato.

Los Ïncas sólo gobernaron unos 80 años, antes estaban los preincas y después vinimos los españoles, aunque Perú tiene la independencia desde 1821. Los Incas construyeron varias ciudades con piedras que son las que ahora se visitan. Hemos aprendido mucho de los Incas, en este test he sacado un 8 😆.



  Al bajar en Aguas Calientes, nos recogió el dueño del hostal ,menos mal, que la salida es dentro de un mercado y no se yo si hubiéramos llegado solas. El hostal Picos House estaba en una calle con escaleras, nada bonito, la habitación daba al interior del hostal, pero estaba nueva y muy limpia, incluso tenía tele y wifi, por el precio que pagamos nada mal. El dueño nos recomendó un sitio para cenar y aunque no había nadie (y eso que era sábado) nos gustó mucho la comida, sobre todo la tarta de queso con maracuyá, Sami Restaurant

A pesar de todo el turismo que hay en esa zona, por la noche no se veía ambiente, no sabemos si la gente va a hoteles y no salen de ellos. Es verdad que el pueblo a pesar de estar en un entorno muy bonito es más bien feo.

A la mañana siguiente me levanté fatal, lo peor, las nauseas, pero decidí subir al Machupichu

Tienes que subir en un bus que pagas, allí se paga todo, y a la hora que tienes programada la visita, es decir que si nuestra entrada era a las 11 cogíamos el bus que te indicaba las 11, no puedes subir antes.

Allí nos esperaba un guía con un grupo, no se puede hacer la visita sin guía.


 

La visita está bien, pero a mi se me hizo larga, hace mucho calor y hay mosquitos para aburrir, un mes después aun seguía con una picadura. Además los guías se empeñan en las fotos y la gente se hace miles, para las redes sociales, y hay que ir esperando todo el rato. Tuve que salir un poco antes, que mi cuerpo no daba para más.

A la bajada, comimos, mejor dicho Paula comió y nos volvimos en el tren a las 4 y media, pero el tren sólo llega a Ollantaytambo, de allí te llevan a Cuzco en minibus, unas 3 horas más el taxi a la casa. Total que llegamos reventadas a la casa de noche, menos mal que al día siguiente me levanté nueva.

La casa de Coco es peculiar, el día que llegué no sabia muy bien si era casa o cabaña. Es como un chalet individual a media terminar. Son tres plantas, en la baja vive el padre, por una escalera metálica que parece de las de emergencias se sube a la segunda. Un salón con cocina, dos baños y 4 dormitorios, tres que dan al salón, sin ventana exterior y el cuarto con ventanal pero lo usa de trastero. Arriba no lo vi pero creo que está sin terminar. Su planta también está sin acabar, sobre todo de pintura, y algo dejada, sobre todo Cat, menudo desastre ,no he visto nadie más desordenado...

Al final nos acostumbramos a ella, la habitación era fría, pero las camas cómodas y al no haber ruido se dormía bien.

La segunda semana se nos pasó aún más rápido. Paula quería probar toda la comida de allí y aunque intenté contenerla, se me acabaron las excusas ya que la  que se puso mala fui yo.

El ceviche lo probamos en la cena en el Kusycay. La chicha morada (para eso era el maíz negro que no supe como preparar), una bebida que toman fría o caliente, con la cocción del maíz, canela, pieles de manzana o piña y no se que más, lo tomamos en un restaurante de la plaza de Armas. Probamos la mazamorra que se hace con la chicha morada, y arroz con leche de un puestecillo callejero y repetimos porque nos gustó mucho. 

 


Los chicharrones (cerdo frito), en un restaurante del centro,Chicharroneria Marios de gente local, un sitio pequeño y atestado, pero el plato estaba muy bueno. El Cuy (entre hamster y conejo) lo probamos el último viernes en un local al que fuimos expresamente a la otra punta de Cuzco, allí o comes Cuy o no comes, y aunque el aspecto no gusta nada, resulta que está bueno, te ponen el Cuy al horno con papas, una especia de morcilla del Cuy y una bola de patata rellena de carne y ají ( pimiento). Cuyería Sol Moqueguano

También comimos la sopa de gallina que allí está en todos los bares, en un  mercado local, el mercado de San Pedro. Este mercado tiene una parte de puestos con artesanía, allí compramos el último sábado los regalos que trajimos, una parte de puestos de comida para comprar y otra parte para comer, es una zona donde un puesto al lado del otro ofrecen lo mismo, la gente se sienta en bancos mirando al puesto. Está por tipos, una zona con frutas y zumos, otra con las sopas y otra que creo que era de ceviches. 

 

 

Un día también visitamos un centro comercial, una Europa dentro de América, de tiendas de marcas y restaurantes de comida rápida, nada que ver con lo que hay al salir a la puerta.

El martes de esa segunda semana fuimos de compras con Coco a una especie de Leroy Merlin, allí compramos casi todos los materiales para reformar el baño del local, de ahí cogimos un taxi cargado hasta arriba. Al llegar cerca de la calle estaba cortada por obras, así que el pobre taxista tuvo que dar un rodeo, meterse por un carril y subir el cuestón cargado como iba, yo pensé que nos dejaba allí con un water y un lavabo. 

El jueves teníamos que pintar la fachada porque queríamos que los niños pusieran su mano en la pared. Así que buscamos pinturas en las mil tiendas que hay en el avenida, hasta que uno nos vendía la cantidad que queríamos y los colores que pedimos. La preparaba a mano, pero vaya, que ni una máquina saca tan bien el color de Pantone. Tardaron tanto que no nos dio tiempo a hacer la comida, y cogimos unas empanadas (malísimas) de camino al proyecto. Teníamos que llegar sobre la 1 para que nos diera tiempo a pintar y que se secara. Era el último día en el proyecto. 

Le pintamos la fachada de blanco y dibujamos un corazón donde dentro cada niño puso su mano, algunas varias veces, no era exactamente lo que queríamos pero no quedó mal. Una pena, porque queríamos hacer más cosas y no dio tiempo.

Esa noche salimos con todos los voluntarios (Coco, Cat, Arthur y dos chicos americanos que iban algunos días al proyecto) a cenar al centro de Cuzco, en un sitio  muy bonito y con una comida muy buena, Ceviche meats and wine, comimos el tiradito de Trucha, otro plato típico de allí. Aunque hablaron bastante en inglés, no estuvo mal. Luego nos fuimos al local de Salsa donde trabaja Coco  algunas noches, a bailar salsa, bueno, yo a ver y a hacer el pato un poco, pero con dos Pisco Sour, todo es más divertido.

 

 

No volvimos tarde, y como siempre todos en un mini taxi, allí los coches no son muy buenos y hay mil taxis, unos oficiales y otros no tanto, pitan constantemente por si quieres sus servicios. Yo creo que nos montamos en casi todos los no oficiales, pero es mejor no preguntar mucho, y estos suelen ser más baratos.

 

7


Ese jueves fue el último en el proyecto de San Jerónimo, fue el día de la pintura, al día siguiente volvimos a despedirnos de los niños del otro proyecto.

 El sábado nos quedamos en Cuzco para ver las ruinas de sacsayhuamán, junto a la Ciudad, pero subimos andando, y todo de subida ( mortal...)  al bajar vimos el Museo Inca, y luego a comer carne de Alpaca, un lomo y una hamburguesa muy buenas. en Native burguer La tarde la echamos en el Mercado de San Pedro haciendo algunas compras y tomando café, luego a preparar la maleta que había que madrugar para salir a Puno.

 



El viaje a Puno lo hicimos en un Bus  porque en avión hay que ir a Lima para llegar a Juliaca. El  bus tarda unas 10 horas, pero lo hicimos de día, en un Tour con paradas, la ruta del Sol le llaman. Ruta del Sol – Cusco a Puno – Turismo Mer – Viaja en bus cama directo a Puno, Cusco, Arequipa. ¡Viaja ya! con la ruta del sol

Nos tocó en la clase bussines.. o similar, un bus espacioso y con asientos comodísimos. Nos dieron una desayuno en una bolsa, porque la salida era a las 7 de la mañana, paramos en una iglesia del siglo XVII, Andahuaylillas, con pinturas en el techo muy bonita, la llaman la Sixtina de los Andes, luego en unas ruinas, complejo Arqueológico Raqchi,  y de ahí a un buffet para guiris, de nuevo a las 12 y poco de la mañana, y ya por la tarde en un museo Lítico de Pucara y un local donde venden el café más caro del mundo,  El café Misha, hecho con excremento de animal.

 


Pasamos por Juliaca, una ciudad de más de 500.000 habitantes, donde todavía gran parte carece de saneamiento, con letrinas en las calles. Es lo más feo que he visto de ciudad en la vida, marrón, pobre y destartalada. Está como a una hora de Puno.

Llegamos a Puno sobre las 6 de la tarde, es una ciudad más pequeña, pegada al Lago Titicaca, con calles parecidas a las de Puno, pero un centro más pequeño. El hotel no estaba mal,Hacienda Puno centro histórico además de baratímo, estaba a una calle de la plaza principal de Puno.  Esa noche cenamos en un local de la plaza, creo que crema de calabaza y un salmón, muy bueno, creo que no hemos comido nada malo en Perú, la verdad, el restarurante se  llama Mojsa.

Al día siguiente también madrugamos, allí todo es temprano porque anochece a las 6 de la tarde, y nos llevaron en un coche a un barco para la excursión  a la Isla de los Uros.

Por lo visto, los Uros para evitar que los atacaran abandonaron las orillas del lago en Puno y construyeron los barcos  de Totora, una planta acuática, para vivir en ellos, de ahí luego fueron creando las distintas islas, son unas 80 islas de unos 30 m2, construidas con las raíces de las totoras y la propia planta

Tienen que estar constantemente poniendo capas y capas para que la humedad no les llegue. En cada isla viven varias familias, unas 10 personas, no tienen saneamiento ni agua potable, y solo tienen habitaciones independientes con un colchón en el suelo. Cada 3 meses tienen que levantar la habitación para volver a poner una capa debajo, ahora se ve que las hacen con estructura de madera más modernas. Tienen placas solares y móvil por supuesto, se mueven entre islas en barcas a motor, las barcas tradicionales las usan para el turista. Mueren muy jóvenes por problemas de reuma, por la humedad y el frio que hace en esa zona. Todavía visten con ropas tradicionales.

Para entrar en las islas hay que pagar una pequeña cantidad, hay que ir en barco y uno de ellos con una bandera te indica qué isla visitar, ya que allí venden artículos artesanales, y de esta manera cada vez se visita una isla diferente. Nosotras nos montamos en uno de los barcos, el coste era como 12 soles, unos 3 euros.

 

 

De allí nos llevaron a una isla natural, la Isla de Taquile, una isla bonita con el pueblo en todo lo alto, más rural, pero nada especial. Eso si, la comida fue también muy buena, la preparan en una casa de comidas, la elabora una familia del pueblo, cada día, o cada semana le toca a una diferente, y un menú cerrado. Creo que era sopa y un pescado. También nos hicieron un baile tradicional. Plaza de Taquille.

 




 De vuelta en Puno salimos a cenar a un sitio muy curioso, era  La casa del Corregidor, junto a la Catedral, ahora convertida en tienda y restaurante, muy agradable.

Al día siguiente vuelo desde Juliaca a Lima. Llegamos casi a las 4 y pico al hotel en la zona de Miraflores, un Perú diferente a todo lo que habíamos visto. El hotel Andesmar muy bien, y la zona genial, aquello es  de calles amplias, edificios acabados, limpio y llego de occidentales y sin perros sueltos por las calles 

Comimos un sándwich en la terraza del hotel y salimos andando al Malecón, con vistas impresionantes y un centro comercial muy moderno, Larcomar.com. Es zona de hoteles buenos, avenidas, jardines, pisos con terrazas infinitas...  Cenamos en un recomendado, pero nada del otro mundo, el Ceviche picaba tanto que era casi imposible de comer. Saha-cocktails-bar-terraza.

 


 Como nos pilló el día de la Toma de Lima iba a ver manifestaciones, así que no fuimos al centro, nos quedamos por Lima y el barrio de Barranco, más bonito aún, colonial, de casas antiguas, chalets modernos y urbanizaciones para ricos. fuimos en bus y nos extraño no tener que decir baja, baja...... 

 




A las dos un taxi nos llevó al aeropuerto, con tiempo de sobra. La vuelta fue larga y cansada, porque después de el vuelo, tuvimos que ir a Atocha a coger un tren, como mucho calor y mucho tiempo entre el vuelo y el tren. Salimos a las 2 del hotel en lima y llegamos a las 9 de la noche a casa, que quitando las 7 horas de cambio horario son 24 horas sin dormir. 

Fin de la aventura.

Esto lo he escrito para mí, para acordarme en un futuro, es extenso pero aún así no he contado ni una mínima parte de todo lo que nos pasó esos 20 días.  También es mi modo de verlo, quizás Paula tengo otro.  😏

 

 




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